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EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Juan Palomar de Miguel

En toda obra narrativa -nos dice SergIo Femández- hay una
parte visible que a los odos del lector jamás pasa inadvertida; es
la carne, en este caso la historia épica de don Quijote, desde
que nace hidalgo hasta que hidalgo muere, arrepentido de su
extraordinaria locura. El rico entramado, a semejanza de una
tela, está extendido ante el lector que -hechizado por las
aventuras del héroe- inútilmente alcanzará a mirar el bastidor,
por decirlo asi, donde el tejido se realiza. Este es el esqueleto, la
parte invisible de la obra, puesta alli, sin embargo, para que en
lecturas -ya alternativas, ya sucesivas o permanentes- quien
lea la descubra en la medida de su clarividencia y su cultura.
Sergio Fernández afirma al mismo tiempo que el Quijote es, de
todas, la novela que más se contempla a si misma como si,
frente a un espejo, se mirara constantemente. Pues no es otro el
juego al que la somete Cervantes, inagotable en sus recursos.
De este modo no sólo quien lee advierte el fenómeno, sino
también quien por dentro lo vive, es decir, los personajes: el
proplo don Quijote y su escudero, tanto como el Ventero o el
Caballero del Verde Gabán, en su caso. Frente a si misma, la
primera parte recrea la segunda, que devolverá la imagen a su
vez, en contestación permanente. Por eso la lectura del Quijote
se irá volviendo más y más dificil, pues las entretelas se
descubren al paso de la mirada, entre lela y maravillada, del
lector. Ninguna obra pues de más arduo acceso, precisamente
por la fresca y fementida anécdota que la envuelve.
Extraordinario ensayista, novelista y cuentista, y consciente al
máximo de la grandeza de la obra estudiada, Serglo Fernández
nos da una visión propia del Quijote, visión inherente, como
diria Cervantes a los tiempos que corren, es decir, a la propia
posteridad del libro. No es lo mismo la novela vista por un
hombre del siglo XVII que observada por uno de finales del
siplo XXß. Si a esto se agrega que el autor de este estudio es
hispanoamericano, y no español, los parámetros se cierran para
darnos asi el contacto apetecido: qué es el Quijote para un
número enorme de lectores que, allende la Peninsula, habla
castellano, por mucho que Sergio Fernández no sea sino sólo
uno de los múltiples lectores apetentes, anhelantes, de la obra.
Sea como sea, hay siempre una ganancia al leer el Quijote: el
poder afirmar que Cervantes, al escribir en castellano, nos da -a
todos los hispanohablantes- el derecho de poseer uno de los
más grandes niveles de cultura que ha dado y que dará el
mundo de Occidente.

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